Muchas veces nos evadimos del conflicto cotidiano que es parte de la vida. Esta reaccion puede ser inteligente, o una repeticion mecanica ante tareas, situaciones de las que huimos porque nos cuestan. El conflicto muchas veces nos fragmenta. Los otros con que nos relacionamos de forma individual y particular nos demandan diferentes actitudes. Los padres, los hijos, los jefes, los amores, los extraños. Esta variedad de roles que cumplimos y que a veces entran en conflicto, tambien pueden dar lugar a la fragmentacion.
El que evita el conflicto satisface por este medio, el tironeo entre dos fuerzas o mas. Queda en el medio de esas fuerzas, en una pseudoarmonia. Sufre la guerra interna. El deseo de hacer algo y el miedo a fallar. La pereza y el miedo al rechazo se oponen al deseo, o la meta. No se pelea uno ni con un bando ni con el otro. Pospone e interioriza la guerra. Ya la cosa se transforma en ganas de levantarme hacer "x" tarea, ganas de quedarme en la cama porque me siento cansado un ratito mas. Este tipo de actitud en donde uno elige borrarse, es una agresion evidente hacia el propio cuerpo e identidad. El cuerpo y la "psiquis" estan conectados. Son una relacion. Por lo que borrarse y no expresar lo que sentimos, no hacer lo que deseamos, agrede tambien al cuerpo y a la vida propia.
En mi proceso por la vida yo me descubrí siempre diplomatico. Armónico, simpático, evitando decir verdades crudas. Ví detras de la diplomacia autoagresión hacia mi vitalidad. Entonces asumí una parte que tengo: el guerrero. Esto no significa pelear fisicamente. Es mas en el mundo natural en gral. los animales rehuyen el combate fisico. Los conflictos se definen sin peleas físicas en la mayoria de los casos. Es un tema de actitud, respaldada sí por vitalidad e integracion de esas miradas y actitudes vivenciales propias. El arte marcial nos enseña y predispone a decidir y accionar permanentemente. En esas decisiones y actos, nos vamos construyendo y autoafirmando. Nos vamos conociendo de la manera mas practica, y ligada a lo vital, poniendo nuestro cuerpo, y psiquis.
Isidro Ferrari Hardoy
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